El consuelo de un exhibicionista es que al abrir la gabardina no le miren el pene sino a los ojos, en ese momento dejaría de hacerlo, pero supongo que no tardaría en recaer a sus antiguas artes, ya que no es enfermedad sino falta de autoestima y ésta se pierde con facilidad.
El exhibicionista enseña su cuerpo a cualquier persona que está interesada en verlo, no busca el aprecio a su silueta, tampoco es una figura esbelta, por eso prefiere que le miren a los ojos.
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